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2021, el año de la inteligencia artificial

Artículo original de The Conversation

La inteligencia artificial (IA) es el presente. Ya ha quedado lejos su posición de tecnología del futuro. Cada vez son más las empresas y organizaciones que se suman al uso de la IA como herramienta para mejorar la eficiencia de sus diferentes procesos de negocio. La automatización, precisión, y rapidez en el análisis de datos complejos son elementos clave que estos sistemas dominan a la perfección. 

Además, esta tecnología fomenta el incremento de los ingresos –y minimización de gastos– gracias a la realización de predicciones de alta precisión, basadas en patrones. De hecho, se espera que en 2025 las inversiones en este sector sean nueve veces superiores a las actuales, pasando de los 6 000 millones de euros a los 52 000.

En el escenario de superabundancia de productos y servicios actual, unido a la también superabundancia de datos almacenados y aquellos generados en vivo (big data), parece más que normal que desarrollemos una herramienta como los sistemas de IA que nos ayude a lidiar, de manera extremadamente eficiente, con esta cantidad ingente de datos. Algo para lo que nosotros, los humanos, no estamos capacitados físicamente. Pero, sin duda, debemos afrontarlo como un complemento. Una herramienta que nos aumenta y nos permite, al fin y al cabo, mejorar nuestra eficiencia y nuestra comodidad.

Necesidad de educar

En cualquier caso, la regulación es lenta y la tecnología avanza con demasiada velocidad. Por lo tanto, la mejor baza en estos momentos es la Educación, con mayúscula, en todos los niveles. De esta manera la sociedad, en general, comenzará a asumir una conciencia real sobre las ventajas e inconvenientes de la IA, más allá de la especulación y los prejuicios. 

A través de esta educación, se fomenta también la capacidad crítica del usuario. Comienza a darse cuenta de que en cada paso que da deja una huella digital. 

Es importante fortalecer los perfiles de los usuarios y consumidores para que sean conscientes de que son dueños de sus datos y que sean ellos los que decidan, con criterio, para qué, cómo y cuándo se usarán. Solo así avanzarán estas disruptivas y útiles tecnologías en concordia con la sociedad que las acoge.

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